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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: escrito

Lejos

En la noche me pongo a cazar recuerdos,
y me encuentro solo
en la inmensidad de los muertos.

Estoy condenado
a la desaparición de mi tranquilidad,
y el descanzo
es algo que comienzo a olvidar.

Estoy buscando el silencio,
y nada me acerca a él;
estoy ahogando
la madrugada en mi bebida.

Es imposible dormir
cuando el tiempo se acaba,
y se hace tarde por vivir.

En ocasiones
la soledad se siente en el pecho
y la desesperación llega en forma de calma,
y te ata a su suerte.

Tiene que

Tiene que despertarte a las 3 de la mañana
sin que puedas volver a encontrar el sueño;
tiene que mantenerte preocupado
y vivo,
alejado de lo que todo mundo hace
ahí,
afuera.

Tiene que hacerte enojar
y rugir
y te tiene que dar frío en la espalda,
y el corazón tiene que
arder un poco
cada vez más.

Si no has encontrado la respuesta,
está bien;
está muy bien.

Si has encontrado la respuesta
rapidamente,
entonces avanza
cada madrugada,
y la siguiente,
y la siguiente a esa,
cuando está lloviendo,
y cuando deja de llover.

Los hombres que han escrito,
y pensado,
y los que han amado,
lo han hecho hasta que la desesperación los envuelve,
y no tienen calma;
la calma no es buena siempre,
la calma sólo llega
cuando intentaste
5
o 35 veces amar
y cuando escapaste
5
o 35 veces,
y sigues haciéndolo.

Debes tener algo
que mantenga
la braza
lista para prender fuego
dentro de ti
en cualquier momento,
y debes estar preocupado
y desesperado,
y en constante búsqueda de la respuesta;
si esa respuesta no llega,
mejor;
pero nunca,
dejes de buscar eso
que te despertará
a las 3 de la mañana
cada día
hasta el final de tu vida.

Pequeño pájaro muerto

Hay un pequeño pájaro muerto
en el parque
que no puede terminar de pudrirse.

La lluvia
no deja que los gusanos se hagan
del cuerpo aquel,
así que está sobre el pasto
con las plumas negras mojadas
y la piel húmeda.

Cada mañana
cuando camino por aquel lugar,
veo que no han recogido al pájaro muerto;
lo han olvidado;
y parece un poco vivo
bajo el brillo de la lluvia.

Supongo que no hay forma
en la que se puede descansar completamente,
y a veces volar
no es para todos.

La soledad del sexo

Estás en cama
y estás solo
con algunos buenos recuerdos,
o estás acompañado
y estás solo
creando algunos buenos recuerdos.

Cada noche cuenta,
cada abrazo,
cada duda,
cada abandono
y cada olvido.

Cuentan las horas en las que tarda la mañana
y las noches completas en medio del silencio
y las diez o doce cascadas de placer
del primer encuentro.

A veces,
cuando estás roto por dentro,
no puedes construir
decentemente
un día más.

A veces
uno no puede controlar
cuando funcionan bien ciertos cuerpos juntos,
y a veces
te das cuenta
que el sexo está lleno de soledad.

Angustia

En ocasiones el temor rompe el silencio de la madrugada
y las tempestades son quedas
y sordas
y te inunda cierta angustia
y la tranquilidad a tu alrededor se revuelve entre las sábanas.

Hay 23 horas de tranquilidad,
de valentía,
y apenas unos minutos donde te invade
y vence
y derrota
y humilla el miedo,
y espero que en esas horas te encuentres dormido;
la mayor parte de las veces así sucede
y no te das cuenta de quién ronda
a tu alrededor
a las 3:50 de la madrugada.

Pero sucede que si despierto
comienzo a pensar
en personas saliendo de bares,
mujeres desesperadas
que tocan mi timbre
insistentemente,
una y otra vez
en lapsos prolongados,
esperando se abra la puerta
para protegerse de la noche,
sin nadie a quién recurrir,
con el alma rota
y el llanto andando,
y las recibo a esa hora
y no sé qué hacer.

La madrugada me da miedo.

Luego
llega de nuevo el silencio
poco a poco,
y sólo algunos automóviles corren las calles
con aliento de vino
y cerveza adulterada;
la mayoría van de regreso a sus casas,
algunas personas al hotel,
y otros tendrán sexo en el automóvil,
algunos chocarán en el auto
y gritarán desesperados
implorando ayuda,
otros tendrán el corazón
verdaderamente roto
al encontrar que el amor
los ha abandonado esa noche
para siempre,
y la mayor parte del mundo
no está en mis manos,
y sólo me llegan pensamientos de madrugada
y angustia.

El diablo,
el hermano del infierno,
se regocija en el dolor
tuyo,
mío,
y del mundo
cuando la luz no lo puede ver.

Tontos

Hacen falta tontos de verdad
que crean en las cosas que pueden pasar,
y que todo se puede lograr;
en una mujer que puedan amar.

Hacen falta tontos que vayan el frente
y abran el pecho
a la primera bala
de la traición
o del desprecio.

Así nos vemos unos a otros,
y no tenemos certeza de regresar,
avanzamos,
mirando al lado izquierdo vacío de mujeres
y al derecho de la esperanza.

Teníamos algo inquietante
y algo de placer,
muy poco;
teníamos
el recuerdo que nos dejó intentar.

Hacen falta tontos de verdad,
que crean que las cosas se puedan librar;
es necesario que uno de nosotros logré,
y los demás
puedan continuar.

Pequeños dioses

Tengo pequeños dioses
que han sido duros con la vida
y regresado de la muerte
y el tiempo
y nunca tuvieron el olvido como opción.

Todo,
lo hermoso y el dolor
parece lejano,
y ellos se mantuvieron
hasta que llegaron al otro lado del río.

Yo he abandonado todo para seguirlos,
pero las monedas
no son suficientes para llegar;
y la gente me intenta ahogar
lejos de lo que seguía,
veo la ciudad con todos los hombres
y las mujeres,
los cuerpos que van y vienen
y las sonrisas;
pero nunca consigo quedarme con ninguna
para ningún propósito,
así que voy camino a ninguna parte,
sin que me sea permitido arrancar la única inocencia
que me interesa.

Todo los demás es una continua repetición
y no hay vida,
no hay sorpresas;
quizá haya perdido,
antes de iniciar la carrera.

Así que lo único que me queda,
son las gotas de la noche,
y con algo de suerte
otro momento para continuar
sin envejecer demasiado
o dejar de escuchar.

Mis chicas

Díganle a mis chicas que nos iremos pronto

que tomaremos nuestras cosas y nos largaremos de este mundo pisando cada pilar que resta

díganle a mis chicas que estén listas

que Nala use el chaleco rojo y Gretel vista la pequeña playera blanca

Díganle a Lissette que pasaremos por ella y nos largaremos a Hamburgo

que nos llevaremos a Jannis y dejaremos la tierra seca de aquí,

digan a los que nos recuerdan que nos olviden,

digan a todos que no somos nadie
y es suficiente.

que guarden unos boletos de tren y una pistola .44
porque no vamos a voler
y vamos a volar en el camino.

Díganle a los que se quedan que deben irse

Díganle a mis chicas que pasaré por ellas al atardecer,
no hay más que hacer
mas que tomar el largo camino del resto de nuestras vidas.

Tendremos una tumba decente
de personas bien vividas,
y 3 metros bajo tierra,
seguiremos andando el camino.

Perdidos

¿Alguna vez se han pedido tanto que no les interesa la salida?
no me refiero a un día de desesperación,
sino a despertar un viernes
y darte cuenta que llevas meses en el mismo estado
construyendo un cementerio de tumbas vacías.

Cuando son las 12 de la tarde
y aún no sabes qué vas a hacer
y te mantienes quieto en la bañera
o sentado en una silla
y llega la tarde y luego la noche.

¿Alguna vez los perros te han visto con lástima?
A mi sí.

Me he perdido estando a la orilla de algo exitoso
y todavia no salgo,
sólo hay algunas cosas que te mantienen activo,
muy pocas,
muy pobres,
y muy poca es la luz amarilla que te mantiene avanzando.

Todo parece estar bien,
sin embargo,
todo es de barro,
no hay seriedad en la poesía,
salvo algunas excepciones
que me llegan en la madrugada
y después no recuerdo haberlas escrito.

El mundo da miedo
la gente da miedo
quedarse da miedo.

Hay algunas personas que llegan
y las alejas;
no te interesan
ni quieres que se queden
a observar los hermosos árboles muertos.

Hay otras
que amas
y amas que estén contigo
porque comprenden
que todos estamos perdidos
y nos preguntamos
constantemente
qué es mejor que estar en medio,
y no hay nada,
mas que frío y desesperación;
pero estamos callados,
seguros de nosotros mismos,
de que vamos a salir de aquí
con las manos vacías
llenas de todo.

¿Alguna vez se han pedido tanto que no les interesa la salida?
yo sí,
buscando algo
que dé sentido
a lo que olvidé encontrar.

Momentos

Era invierno,
y el año acababa de comenzar;
habían sido días difíciles
o días de cambio,
que suele ser lo mismo.

Yo vivía en un pequeño departamento,
pero era suficiente
para poder estar
y escribir.
Un hombre necesita ambas cosas.

Había conocido otras personas
cuando salía,
con las manos en los bolsillos
al parque,
y todos sacábamos a los perros
y estábamos algunos minutos allí,
mientras los animales corrían
con la poca sangre salvaje que les quedaba.

Un día pensamos
que sería buena idea ir a otro lugar,
más grande,
y llevar algo de comida,
vino y cerveza.

Y fuimos y estuvimos,
y todos parecían sentirse bien;
nos sentamos en el pasto,
y platicamos
mientras veíamos cómo
los animales corrían de nuevo;
alejándose de la desesperación.

Todos reíamos
y platicábamos
de escritores,
de músicos,
pero todo
al nivel del mar
cuando no ambiciona comerse la tierra
ni seca la sal.

Y estuvimos allí,
bebiendo vino
y cerveza;
el sol fue recorriendo cada parte del lugar,
como si tocara cada pasto
y lo llenara
de un cálido oro.

Cuando nos dimos cuenta
habían pasado muchas horas
y nadie se quería ir,
porque todo estaba bien.

Habíamos encontrado un lugar
y un tiempo
lejos de todo,
que recordaríamos
como el momento en que nada importaba,
y nos permitimos pensar
en la posibilidad
de correr desbocados
como aquellos perros,
y tranquilos
si es que eso queríamos;
y nos quedamos callados
contemplando todo aquello
mientras nuestras manos
tocaban el pasto.