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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: escrito

Bestias fuertes

Las épocas se van,
no regresan,
y las recordamos
porque están perdidas
en alguna parte de nuestra memoria;
si tenemos alguna.

Hubo un tiempo,
en que el invierno se sentía en los rieles del viejo tren
en el que viajaban personas sin dinero;
y se compartía el asiento con gallinas
y cerdos.

La gente era humilde;
gente pobre intentando llegar
a otro lugar,
donde pudieran descansar sus animales,
su íntima lengua,
sus rezos.

En el tren iba un tipo
al final del vagón;
regresando de un viaje,
usando bufanda negra,
y veía la tierra congelada,
y los vegetales muertos.

Uno nunca sabe cuándo terminará
una época
y comenzará otra;
puede que sólo cumplas un año mas,
y ya te haya olvidado
la mujer que más amaste
en esta vida
tan miserable,
llena de corazones.

Es probable que encuentres
a una bestia fuerte,
cómo tú,
y viajes con ella
hasta que te entierre,
o la entierres
y no la puedas negar.

Más nos vale
tener épocas diferentes,
y llegar a todos los lugares
a los que no pertenecemos,
e irnos rápido,
para recordar
toda la música
que no bailamos
y la poesía que se quedó
atrapada en el fin de año.

El amor y el lechón

Iba en el tren y
vi a esta pareja;
novios,
jóvenes,
incluso ella no tenía los dientes
bien acomodados;
y él
rogaba porque saliera su bigote
un poco más.

Ella parecía haberse esmerado
frente al espejo;
tenía un copete
y una diadema de colores,
además,
su cuerpo era el de un lechón
así como su piel,
y su sexo estaba más dormido
que despierto.

Se tomaban de la mano,
la apretaban,
se sentían seguros
de algo que no conocían
aún.

En algún tiempo
los dos serán capaces
de hacerse daño
y amarse
como para los locos,
por supuesto que podrán durar,
pero lo más probable
es que terminen
matándose por amor
e ignorancia,
porque para eso
estamos hechos,
aunque tratemos de evitarlo.

No necesitas

Usualmente
no necesitas
la belleza de una mujer,
sólo necesitas
una buena persona,
sólo eso
y
con un poco de suerte
también será
hermosa.

Usualmente
necesitas
alguien que no incendie
la casa a tu llegada,
no necesitas
reproches
sino silencios
y
sopa caliente,
o preparar una
para alguien que lo agradezca.

A veces
no necesitas
una belleza,
pero lo será
si entiende
lo que necesitas.

Tienes que controlar

Tienes que controlar
tus ganas de ganar,
tus ganas de llegar,
despertar temprano,
dormir al final.

Tienes que controlar el hambre
y los deseos,
tienes que controlar
tu capacidad de destruir
y tu capacidad de
adaptarte al sistema.

Controla las ganas
de morir,
tienes que controlar.

y las ganas de golpear
al imbecil
que está en el cuarto
de al lado
golpeando a una mujer
y escuchando musica
a gran volumen
a las 3 de la mañana.

No tienes que controlar
las ganas de crear,
así sea escribiendo
tomando una fotografía
pintando a una mujer
o una banca
hermosa.

No controles el amar
ni el tiempo.

Controla algunas cosas
que dejen desbocar a otras.

Jamás controles los recuerdos,
ni el fuego
o el aire
ni el agua que se esparce
gritando
gota a gota.

Controla
lo que ellos quieren que
no controles

y, en las noches
duerme tranquilo
o en el día
si es que acaso
dejaste salvaje
lo que te hace
por ahora
descansar.

Habilidades

Todo tiene que ver
con las habilidades.

Habilidad para escribir,
habilidad para amar,
habilidad para resistir,
habilidad para robar,
habilidad para llegar
al día de mañana
con las mismas habilidades.

Habilidad para beber
y no caer en el abismo,
habilidad para no imitar
y perderte en el intento
y encontrarte.

Habilidad para conseguir
una pluma
antes de haber olvidado.

Habilidad para soportar
los embates del casi amor
una y otra vez,
y una vez más.

Habilidad para contar algo
y sentir
lo que estás leyendo
o viendo
o escuchando.

Todo depende de las habilidades
de tener nada
y saber
que es todo;
al menos ahora.

Qué importa que se haya
hecho antes;
todo depende
de la habilidad
para hacerlo
de forma correcta.

Destellos

Tenemos destellos de cosas,
sólo algunos momentos,
destellos,
sinceros,
y pocos.

Destellos de amor
por quien no amamos
aunque queramos
y lo intentemos.
Al menos
tenemos destellos.

De algunos momentos,
de suerte,
de buenos trabajos,
no los bien pagados,
sino los buenos trabajos
que son pocos
y a veces suceden.

Destellos
de algunas cosas que recordamos
y nos hacen sentir mejor,
que no todo ha estado mal;
algunas satisfacciones,
destellos de recuerdos de satisfacciones.

Tenemos
algunos momentos
buenos
con las mujeres
y
pocas veces
nos hemos asombrado,
de cómo se alza un edificio
o como se vence el sol
en destellos.

Leemos
libros y libros
pero recordamos muy pocos,
porque hay pocos escritores
a los que les ocurren
destellos
y desesperación al mismo tiempo…
a muy pocos.

Hay pocos asesinos reales,
pocos predicadores reales;
y en verdad
hay pocas palabras
que hablen de amor;
sólo destellos,
y sólo a veces

Pasados los 35

Uno no puede hablar
de haber hecho todo
después de los 35
o después de los 235;
pero
ya te han roto
el corazón
y se lo han tragado
a grandes mordidas,
una
y 100 veces
y has pisado a varias mujeres
en otras ocasiones;
es sólo que el amor propio
hace creer que no fue así.

Uno no puede decir
que vas a la mitad del camino,
porque siempre hay un
esposo desesperado
y engañado,
con un cuchillo,
que puede perder el juicio
y hacer una carnicería
de su desamor.

Uno no puede correr
con la misma velocidad,
aunque
cada día
aguantas sin comer
como antes no podías.

Pasados los 35
el whisky sabe mejor,
mucho mejor,
y te alejas de la resaca
pero no del alcohol;
te alejas de las fiestas,
ya no son divertidas,
sólo las mujeres lo son
y un amigo
o dos
con quien platicar
de esas mujeres divertidas
y de las que ya no lo son,
pero no puedes olvidar
facilmente.

Lo que sí sabes
después de los 35
es que la felicidad
dura unas cuantas semanas
y luego
cumples más años.

Estamos

Todos los hombres estamos solos,
caminando,
evitando pensar en ello,
y evitando ser tomados por
mujeres,
hijos,
trabajos.

Lo olvidamos
y nos entregamos al matadero,
sin memoria,
para que nos arranquen
las viceras
y siembren lo que queda de nosotros
en un campo,
igualmente solo.

Carol

Siempre creí
que saldría con Carol
y que Carol saldría conmigo
a los 7 años de edad
y hasta morir,
y enterrarnos mutuamente
con la poca vida que nos quedara.

Por supuesto
a esa edad
no pensaba en la muerte
sino en algo parecido a la vida.

Y por supuesto no fue así.

Terminó el año escolar
y nos destrozamos
los planes.

Después nos encontramos
en la educación secundaria,
pero en diferentes pisos;
y éramos diferentes.

Ella pesaba kilos de más,
a mi me faltaban centímetros de altura
y mil kilómetros por recorrer.

Carol fue la primera en perder la virginidad.
Lo hizo con un amigo
y todos nos enteramos.

Ella había sido completamente hermosa
y a mi,
me rompió un poco
el corazón

Agarra a un hombre

Agarra a un hombre
en su peor momento;
sin dinero
sin esperanza
sin Dios.

Agárralo mientras cae
y lleva la camisa sucia
y todas las mujeres
le han dicho que no.

Un hombre que llega al cuarto,
si es que lo tiene,
y guarda
unos cuantos libros poderosos,
escritos con líneas de acero
y perdición;
que los lee
y empieza a volverse loco.

Agarra a un hombre
con poca fe,
que ha estado a punto de morir
varias veces.

Agarra a un hombre
que tiene los días contados,
que haya olvidado
lo que es tenerlo todo
y no le importe perderlo,
si lo vuelve a tener.

Agarra a ese hombre
y hazle una caricia
y dale de comer un sólo día;
porque ese hombre
nunca lo olvidará,
y se levantará
como la llama escondida
al centro de la madera
que hace arder el bosque.
Romperá cristales
y romperá el agua en su interior
por ti;
y conocerán
los puentes del mundo;
y se hará fuerte,
como sólo puede serlo
alguien que casi ha muerto,
casi.

Agarra a un hombre
que haya sido derrotado
por la causa más estúpida,
o por la tarea más grande.
Agarra a ese hombre,
y dale un pedazo de carne
para volverlo a levantar.

Y, mujer, créeme:
ese hombre encontrará a su dios
en ti,
y apenas recordarás
lo derrotado
que había llegado a estar.