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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: personas

Carol

Siempre creí
que saldría con Carol
y que Carol saldría conmigo
a los 7 años de edad
y hasta morir,
y enterrarnos mutuamente
con la poca vida que nos quedara.

Por supuesto
a esa edad
no pensaba en la muerte
sino en algo parecido a la vida.

Y por supuesto no fue así.

Terminó el año escolar
y nos destrozamos
los planes.

Después nos encontramos
en la educación secundaria,
pero en diferentes pisos;
y éramos diferentes.

Ella pesaba kilos de más,
a mi me faltaban centímetros de altura
y mil kilómetros por recorrer.

Carol fue la primera en perder la virginidad.
Lo hizo con un amigo
y todos nos enteramos.

Ella había sido completamente hermosa
y a mi,
me rompió un poco
el corazón

Agarra a un hombre

Agarra a un hombre
en su peor momento;
sin dinero
sin esperanza
sin Dios.

Agárralo mientras cae
y lleva la camisa sucia
y todas las mujeres
le han dicho que no.

Un hombre que llega al cuarto,
si es que lo tiene,
y guarda
unos cuantos libros poderosos,
escritos con líneas de acero
y perdición;
que los lee
y empieza a volverse loco.

Agarra a un hombre
con poca fe,
que ha estado a punto de morir
varias veces.

Agarra a un hombre
que tiene los días contados,
que haya olvidado
lo que es tenerlo todo
y no le importe perderlo,
si lo vuelve a tener.

Agarra a ese hombre
y hazle una caricia
y dale de comer un sólo día;
porque ese hombre
nunca lo olvidará,
y se levantará
como la llama escondida
al centro de la madera
que hace arder el bosque.
Romperá cristales
y romperá el agua en su interior
por ti;
y conocerán
los puentes del mundo;
y se hará fuerte,
como sólo puede serlo
alguien que casi ha muerto,
casi.

Agarra a un hombre
que haya sido derrotado
por la causa más estúpida,
o por la tarea más grande.
Agarra a ese hombre,
y dale un pedazo de carne
para volverlo a levantar.

Y, mujer, créeme:
ese hombre encontrará a su dios
en ti,
y apenas recordarás
lo derrotado
que había llegado a estar.

Dios bajo sus senos

Me siento frente a la máquina,
escucho música y vienen las ganas de escribir,
como las ganas de vomitar
después de una noche en la que tomaste dos o tres botellas de vino.

Una vez tomé 6 botellas de vino con una mujer,
ella tenía la nariz perfecta,
usaba lentes,
y tenía un pecho que salía de su brassiere
como si fuera un preso que pedía a gritos su libertad,
y por fin se la fueran a dar,
apenas,
después de la lenta espera,
a una condena injusta.

Llegó y me ofreció vino,
y me habló de música que no conocía,
yo la escuchaba como si fuera un acólito
y creyera en la existencia de un dios,
escondido bajo sus senos.

Un día fuimos a comprar discos,
cada uno dos o cuatro;
llegamos y los escuchamos en mi casa,
y sonaban bien,
con el vino.
Cuando nos dimos cuenta,
habíamos bebido 6 botellas,
y entonces ella no sólo era dios,
sino que era más hermosa,
como ningún dios lo había sido,
ni lo será.

La llevé a la cama,
la luz llegaba entre las persianas verdes,
y había un cuadro con un barco que iba a ninguna parte.
La tomé y la besé,
y ella dijo No, soy una mala persona,
también dijo Te voy a hacer daño;
y lo hizo, no mucho tiempo después;
pero quella noche,
en la que conocí a dios,
y al día siguiente, cuando desperté y seguía ahí,
y algunas veces más,
en la bañera
o en la carretera,
creí que las cosas podían ocurrir,
de vez en cuando,
aunque no fuera así.

Conocí

A veces las cosas tienes explicaciones simples,

como aquella vez que conocí a una mujer

linda,

con buenas piernas,

y linda cara;

no es que no quisiera salir mas con ella,

es que llegada la noche

aun no habíamos probado bocado,

y la cerveza se estaba calentando.

Seguirás siendo hermosa

Serás linda por unos años,
en lo que conservas las piernas firmes de yegua
y recuerdas cómo sonreír sin pedir algo a cambio
y vistes ese suéter lila con los pechos en alto.

Seré menos despreciable
antes que caiga mi barriga,
y empiece a olvidar cosas,
y recuerde difuso lo que quiera inventar.

Serás linda mientras tengas tanto que decir,
y no empieces a reprochar todo;
mientras tus ojos no estén cansados,
y no me vean como la última opción que queda,
y te quedes conmigo.

Serás linda mientras el cabello baile con tus hombros,
mientras no uses brassiere y sorprendas
y no te puedan olvidar.
Serás linda mientras aún cause angustia que desaparezcas tras los autobuses
y comience a extrañarte.

Seré menos repulsivo
si puedo mantenerme escribiendo,
o eso quiero creer.

Podrás soportarme antes de conocerme bien.
y te hartes de mi,
hasta que creas que lo que escribo no es tan bueno,
o tan interesante.

Podrás estar cerca de mi
antes que sepas de mi abandono.

Serás más feliz imaginando
que destruyendo lo que creías sería nuestro primer encuentro,
nuestros planes,
la ida al bosque y los besos en las manos,
nuestros logros,
nuestra vida,
que no es más que cualquier otra
con relámpagos de papel.

Seguirás siendo hermosa,
mientras te vea a lo lejos
sin cruzar la primera palabra
evitando nuestra última discusión.

La lumbre y los geranios

Es inevitable recordar,
sobretodo en las noches de cansancio,
cuántas veces
hemos estado con alguien
y de pronto decidimos no seguir.

Nunca sacas algo bueno de la muerte de los geranios,
salvo algunas honrosas excepciones,
que realmente son pocas
y son bellas.

De las personas nos quedan memorias
de las noches y la lumbre,
las luces, los intentos
y recordar que estuviste acompañado
alguna vez,
para entender poco,
o mucho,
o quizá entendiste que con algunas personas
no se puede entender,
y por eso huiste,
con la poca braza que quedaba
de aquellas noches
y de aquellos tarareos calcinados.

Después te encuentras,
sin saberlo,
recordando todo aquello,
solo,
o sola,
y así,
sin más,
sabes que las cosas
no estuvieron tan mal
pero ahora están mejor.

Bares de categoría

Cuando voy a un bar,
un bar de cierta categoría,
de esos en los que la música no dice nada
y las bebidas son malas
y caras,
no me fijo en los asistentes
(a los que quizá envidie)
sino en la gente
que no pertenece
e intentan sacar algo de ahí;
como el señor que vende figuras de peluche,
o rosas,
el que ofrece discos,
y sin tomar una copa
está más perdido que los bebidos,
y quiere salir de ahí.

Las mujeres por lo general son hermosas,
muy hermosas,
y visten buena ropa,
el cabello llega hasta sus hombros
como si hubieran nacido así de bellas;
se acercan el vaso a los labios,
y mojan la orilla
mientras sus acompañantes
aparentan platicar
cosas interesantes.

Lo mismo me pasa con las construcciones
de los negocios que no funcionan,
y llegan otros a tirar las paredes
con mazos y picos
para poner otras paredes;
me llega un pesar
al ver que lo que estaba
no funcionó,
no me gusta ver
cómo las ideas aquellas
se caen,
destruidas por los mazos;
siento nostalgia por el derrumbe
de esos vidrios
y paredes
cuando los veo cambiar.

Luego sigo caminando
sabiendo que no tendré
a las mujeres
de los bares de categoría,
con sus lindos lentes
y pantalones ajustados,
usando dulce perfume
y ropa interior costosa.

Sigo caminando,
esperando ver
alguna construcción
que no haya caído
y me devuelva la poca fe
en las personas,
y que el mundo no se vuelva un bar de categoría
al que no pueda entrar.