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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: relaciones

Un tranquilo río merecido

Ella era un pequeño río,
delicado,
que se deshacía cada noche,
en cada baile lento,
con cada canción correcta.

Era liviana y sencilla,
con la mirada tranquila,
y era todo para mi
en el momento que yo era todo para ella
mientras caían relámpagos lejos,
y los truenos eran otra melodía
diferente a la que sonaba en la sala
junto a la máquina de escribir,
el whisky,
y la luz amarilla
–tan pequeña–
que apenas alcanzaba a iluminar
esos momentos
tan grandes
y tan íntimos.

Después ella se alejaba y yo volvía a escribir,
y la música seguía siendo la correcta;
todo en ese momento era perfecto,
entre tanto desastre que había sido la vida de todos.

Yo era para ella
y ella era para mis recuerdos;
sabíamos que teníamos en las manos
un pedazo de su tranquilo río,
su elegante sonido;
ella tenía mis letras,
que son pocas,
pero es lo único que tengo,
y es lo más sincero que puede dar un hombre
que ha sido escupido
en todas sus buenas intenciones.

A veces
dos personas
simplemente se encuentran,
y simplemente lo merecen.

Resistiendo

Afuera los árboles se mecen
y es de noche,
y todos están esperando a que algo ocurra:
el día
y el fin de la madrugada,
o la cama con una mujer desnuda,
que se aleje el recuerdo
y los muertos se vayan
lejos
para ser recordados como se debe.

Las piernas y las caderas que no habrán de ser tocadas de nuevo,
los años lejanos,
y las risas que se escaparon.

Nos hemos olvidado,
todos,
unos a otros
de manera brusca,
ciertamente grosera,
ciertamente injusta.

La tranquilidad llega
con el whisky de las 3 de la mañana
y el frío es tenúe;
ya no estamos caminando en un poblado alejado
esperando algo de sol
para no desesperar
mientras la gente sale
y se abren los caminos
que llevan
al agua cristalina
que siempre habrá de estar para ti.

El dolor
y los años
se habrán de llevar a muchos,
mientras,
algunos otros
estaremos aquí,
resistiendo.

La soledad del sexo

Estás en cama
y estás solo
con algunos buenos recuerdos,
o estás acompañado
y estás solo
creando algunos buenos recuerdos.

Cada noche cuenta,
cada abrazo,
cada duda,
cada abandono
y cada olvido.

Cuentan las horas en las que tarda la mañana
y las noches completas en medio del silencio
y las diez o doce cascadas de placer
del primer encuentro.

A veces,
cuando estás roto por dentro,
no puedes construir
decentemente
un día más.

A veces
uno no puede controlar
cuando funcionan bien ciertos cuerpos juntos,
y a veces
te das cuenta
que el sexo está lleno de soledad.

Circo

Algún día existió el circo,
y la gente iba
a creer todo lo que pasaba ahí,
que era falso
pero era hermoso;
yo estaba ahí
creyendo también.

Salían todos aquellos personajes
cargando toda esa música;
y el payaso era triste,
estaba muerto,
y era alegre,
mientras yo tenía una cerveza en la mano
y esperaba que aquello
fuera verdad.

Era una noche lluviosa
y sonreía con una chica hermosa
y la pasábamos bien,
hasta que un día
me di cuenta
que no estaba en el circo;
yo era el circo,
y la función
con el buen payaso
y la música,
y la magia había terminado
una vez más.

Ellas pueden golpear duro

Muchas veces,
no recuerdo cuántas,
salía de un bar
y no podía ver con los dos ojos
algo fijo;
tenía que cerrar uno u otro
para tomar el mundo
como una realidad.

A veces tenía que caminar así,
a veces tenía que manejar así,
y a veces
había un camino con mi ropa
de la puerta a la cama
que no recordaba haber dejado;
pero la mayor parte de las veces
me encontraba
pensando
que el amor
estaba insistentemente lejos;
y las mujeres me llevaban
al medio de la noche
para dejar claro
que no iban a quedarse,
que no les interesaba,
y golpeaban,
golpeaban duro
una y otra vez,
casi siempre en el costado
y alguna que otra en el corazón.

Islas del mediterraneo

He regresado al whisky
mientras algunas tormentas de recuerdos
me visitan en la madrugada.

Tengo el número de un teléfono que no volveré a marcar

y hay una piel que no recorreré de nuevo, aunque, en realidad, nunca fui bien recibido.
Aquello, más que un acuerdo, fue una invasión y un sentimiento que sólo yo aporté, aprovechando la confusión de la música y el alcohol,
y los planes que nunca se realizaron.

Ahora el mundo se está rompiendo.

Ahora tengo pensamientos de catástrofe mientras visito el cementerio de las posibilidades.

Estoy en la orilla,
entre la perdición y el triunfo,
a cualquier lugar donde me empuje el viento encontraré pérdida,
porque las deseadas islas del Mediterráneo se hunden cuando Heidi no está y,
por el momento,
tengo que encerrarme en un hospital mental;
algunos dicen que estoy perdiendo la cordura,
yo creo que me encuentro en mi mejor momento.

Desastre

Esto no va para ninguna parte,
que es el lugar donde comienza todo.

Tengo el sabor del sexo
mezclado con whisky
a las 10 de la mañana

Y camino por las ruinas
que dejaron las ilusiones
de algunos días
grandes
e imposibles.

Esto es un desastre.

En algún momento ella,
con los ojos cerrados,
dijo:
un poco más fuerte
por favor,
y yo
recordaré esas palabras el resto de mi vida.

A veces
uno pasa de ser un posible amor
a un olvido.

A veces
no hay mucha consideración
con uno.

Así que ahí estábamos
casi cada noche
con la bebida
resbalando por la garganta
mientras no sabíamos qué ocurría,
y para ignorarlo
nos enamorábamos un poco más;
o al menos
eso creía.

Ahora está alejada aquella tarde de lluvia,
y las lluvias todas,
y el paraguas en el último piso
del primer día perdido.

Algunos recados
se quedarán para siempre,
y las imágenes
que acabaron con todo;
aunque tuvimos buenos momentos.

Y recuerdo todo eso
mientras me sirvo
otro tanto de whisky.