Ríos de arena

Confío en no ser el único que se ha perdido, el que busca el camino o la respuesta, el que ha extraviado descuidado los senderos, testigo del telón destornillado antes de tiempo.

No encuentro sentimientos, los dejo en los pies para ver si se diluyen en la senda, a ver si con eso me encuentra ella que de debe estar perdida, en una selva lejana, cerca de mi alma.

No tengo cara, no tengo manos, no tengo todo lo que me diste, estoy solo, buscando el hogar, sin saber a dónde dirigirme. Solo, sin hogar, ni saber dónde morir.

Vi el camino desierto a la distancia, sin saber ni esperar que aquí terminaría, pensando que al fin del día no habría noche, ni historias tristes, mucho menos estar a la batalla de una, al frente del sol seco que calcina el cuello y los brazos, tan endebles, tan descuidados, tan lejos de ti.

Aquí hay ríos secos, llenos de arena.

Camino para ver si encuentro cadáveres, a ver si hay un camafeo o alguna bota que a mi píe cobije, que los deseos se hayan mantenido a salvo entre el recuerdo del paisaje; pero no hay más que un río seco, sin nada para mi, ni descanso a su orilla.

Este río, cuando más está vivo, es cuando las sombras corren por su cause, mientras la noche llega y la luna observa.

Voy a detener el paso en la umbría, para ver si entiendo un poco, para ver si hay algún rastro y encontrar tiempo suficiente entre los escombros de la arena.

 

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