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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: sentimientos

Tengo una vida sobre mi vida

Tengo una vida sobre mi vida
que me impide morir
y a la vez
me impide descansar.

Tengo una vida sobre mi vida
que me niega el silencio
y me acerca a la locura
cada noche que tiene oportunidad.

Tengo alguien,
sobre mi
que no soy yo
y no me quiere dejar.

Cada vez menos,
y cada vez más;
me invade cuando duermo
y no me deja continuar,
como si me susurrara algunas cosas
y me gritara otras.

Tengo a alguien
sobre lo que hago
que me aleja de todo
a lo que quiero llegar.

Tengo esa insistencia
al lado de mi,
entre la almohada
y el abismo,
y me empuja
cada momento
a la oscuridad.

Tengo una vida sobre mi vida
que no es la mía
y me hace levantar,
como si no le importara mi descanso
y tuviera prisa
por hacerme hablar.

Tengo una vida sobre la mía
que me impide morir
y a la vez
me impide descansar.

Elefantes

Escucho en las noches,
el ruido sordo
de los elefantes.

Escucho en las noches
la vida que me queda,
sin prisa y sin mañana.

Escucho en las noches
los ruidos que nadie quiere escuchar
y me inquietan.

Escucho también
la paz que ya no me encuentra
y cómo se aleja.

Es posible
que ya no pueda dormir
como tampoco puedo soñar.

Me he alejado tanto de todo
que es difícil regresar
o encontrar de nuevo la tranquilidad.

Ya no escucho sonrisas
bajo la lluvia
ni bajo el llanto.

Y no tengo placer
en buscar la perdición
como antes lo tenía.

Se ha ido todo,
poco a poco,
hasta dejarme solamente
con el ruido sordo
de los elefantes.

Voces de la noche

La noche se revuelve en mi,
en cada una de sus oscuridades
sin dejarme dormir
sin dejarme descansar.

Como si me estuvieran hablando
las voces de su conciencia
y todas me dicen
Levántate padre mío
y no dejan de sonar.

Por temporadas
las voces calman,
ceden un poco
pero vuelven aquí
siempre.

Quisiera entonces
aferrarme a la cama
como lo hacen los demás
e ignorar;
pero no puedo
porque las voces ahí están.

Entonces escucho todo
y el mundo ataca de nuevo
una
y otra
y otra vez
hasta el final.

Todo ha cambiado,
porque ahora lo romántico
del caos
ha desaparecido
y solo queda
el ruido
violento
del suicidio.

Te voy a llevar en la orilla de mi olvido

Te voy a llevar en la orilla de mi olvido
para no abandonarte por completo
como hiciste conmigo
en tu mejor desprecio.

Voy a mantenerte casi ahogada
en el río de la contención,
respirando por las noches,
donde no me puedas hacer daño
como lo hiciste la última vez.

Voy a recordarte en tu mejor manera:
sonriendo,
yendo y viniendo;
y al final también recordaré
la forma en que te fuiste;
para no dejarte avanzar
mas allá de la nostalgia.

Voy a escoger tus mejores momentos
y los voy a mantener frescos
para que no salgas de la tumba
donde a veces voy a escarbar
para sentirte cerca.

Y quizá
mas allá de la noche
alcance a escuchar tu risa;
y cuando vaya hacía ella
el amanecer me alcance
y me haga despertar.

Bucle

Es como estar encadenado
a un eterno bucle de ansiedad;
despertar cada madrugada cansado
pero sin poder dormir,
obligado a levantarme
a escuchar los sonidos de la noche
lentamente
hasta el amanecer.

Es tener el destino de ganar y perder,
y recordar hasta el hartazgo
el mismo camino sin curvas
que fue construido sin final.

Condenado a levantarse con los ojos cerrados
escuchando el lamento de la sirena;
y refugiarse para sobrevivir
eternamente
una noche a la vez.

Cada vez que intento estar en paz
la calma se aleja,
y me avienta a este eterno bucle de desesperación,
como si oyera una cinta de grabación
regresar y volver a regresar
y condenarme a su principio y a su final.

Es como si estuviera obligado
a conocer a tientas la oscuridad
y enseñar a salir a los demás
sin poder tomar en mis manos esa libertad.

Es como estar cayendo
en un eterno bucle
y no poder despertar.

El mundo se ha alejado

La noche me llega al estómago
y la soledad al corazón;
los temores me aprietan
entre las sabanas y
la desesperación.

Cuando pienso
haber logrado algo,
el momento
se deshace
dejándome con nada.

Camino a tientas en la oscuridad,
–densa–
y han muerto
los amigos
que me podían guiar.

Soy un desertor de la alegría,
y cada vez temo más
a la madrugada
y a la realidad.

Las voces que escucho,
el tintineo de las copas,
la risas vulgares del alcohol;
cada vez rehuso más
vivir entre la humanidad.

Hay muy pocas personas
en quien pueda confiar,
y lo único constante
es la aprensión.

Este mundo
se ha vuelto
un lugar
inhabitable.

Un tranquilo río merecido

Ella era un pequeño río,
delicado,
que se deshacía cada noche,
en cada baile lento,
con cada canción correcta.

Era liviana y sencilla,
con la mirada tranquila,
y era todo para mi
en el momento que yo era todo para ella
mientras caían relámpagos lejos,
y los truenos eran otra melodía
diferente a la que sonaba en la sala
junto a la máquina de escribir,
el whisky,
y la luz amarilla
–tan pequeña–
que apenas alcanzaba a iluminar
esos momentos
tan grandes
y tan íntimos.

Después ella se alejaba y yo volvía a escribir,
y la música seguía siendo la correcta;
todo en ese momento era perfecto,
entre tanto desastre que había sido la vida de todos.

Yo era para ella
y ella era para mis recuerdos;
sabíamos que teníamos en las manos
un pedazo de su tranquilo río,
su elegante sonido;
ella tenía mis letras,
que son pocas,
pero es lo único que tengo,
y es lo más sincero que puede dar un hombre
que ha sido escupido
en todas sus buenas intenciones.

A veces
dos personas
simplemente se encuentran,
y simplemente lo merecen.