Jacinta.

por fernandobenavides

Jacinta es una señora que el tiempo, de tanto pasar por ella, la  ha hecho chiquita.
El trabajo le pisa la sombra apurando su necesidad, se nota reacia a sucumbir.

Jacinta se levanta por las mañanas y viste en verde delantal a cuadros y blancos motivos que pelean con el moreno de sus manos.
Todos los días cruza largo trayecto de su casa a la plaza, camina trabajosa, ladeada por el peso de una bolsa llena de dulces que con algo de suerte encontraran alquimia de su peso por monedas y billetes.

Jacinta recorre los puntos de una plaza que tiene por ombligo una fuente agotada.
Jacinta va, camina respira,
no se queja pues ignora la palabra riqueza,
en algún punto del día, cuando el cansancio la obliga a la pausa, se sienta en la banca y observa.

Observa a los niños correr por el pasto y ríe siguiendo a lo lejos su trayecto, es la hora en la que se alimenta Jacinta.
Después esfuerza de nuevo su columna para levantar y ofrecer pistaches para el antojo.

Cuando veo a Jacinta el dinero se me hace poco para su mercancía,
la miro despacio y me rió cuando ríe,
la observo cuando observa,
la espalda me duele cuando se levanta.

Jacinta no sabe que la observo y la vivo,
ella sigue y sonríe todos los días y yo me doy cuenta que el gobierno,
por más que empeñe el esfuerzo,
no puede robar toda la riqueza de su pueblo.